La Historia del Ferrocarril (I Parte) Dos hitos marcan la
historia de San Rosendo: la
expansión española al sur del país y la historia del ferrocarril
en Chile. En Chile, la historia del ferrocarril
se remonta a los años 1848 y 1851, fecha en que se construye el
primer ferrocarril chileno de Caldera a Copiapó, producto del
descubrimiento del mineral de plata de Chañarcillo y de la exportación
de las minas de Copiapó. El ferrocarril, en el país, fue consecuencia
del proceso de desarrollo que Chile comenzó a experimentar a mediados
del siglo XIX. Así, en los años 1852 y 1863, se construye la línea
férrea que une Valparaíso con Santiago en respuesta de las necesidades
de crecimiento y modernización de este puerto que necesitaba vías
de comunicación expeditas y medios de transportes más baratos
y rápidos. En 1855 se crea la Compañía de Ferrocarriles
del Sur, también en manos de particulares. Comienza durante ese
año la construcción del ferrocarril de Santiago al sur que, en
una primera instancia, deberá llegar hasta Talca, empresa que
se vio impedida por razones económicas, entregándose la línea
completa sólo hasta Curicó. Con la suspensión de la línea al sur
de esta ciudad, se inició la construcción de la línea Chillán-Talcahuano,
pasando por San Rosendo, iniciada en 1869 y, esta vez, a cargo
del Estado. En 1871 se discuten en el congreso las
posibilidades de completar la línea al sur, ahora de Curicó a
Chillán y desde la frontera al sur de San Rosendo para llegar
a Angol, Los Angeles y el río Malleco. La empresa comienza en
1872. No obstante lo anterior, las obras de
ferrocarriles avanzaban lentamente debido a problemas financieros,
lo que se traduce en la compra por parte del Gobierno de las acciones
de 64 accionistas de la empresa. A partir de entonces, pasa el
Estado a convertirse en su único dueño ya no sólo de la línea
de Santiago al sur sino que también de la correspondiente al tramo
Chillán-Concepción, así como de la línea entre Valparaíso a Santiago,
que ya había sido adquirida por el Gobierno en 1858. Estos tres
ferrocarriles serían la base para impulsar la formación de la
Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE) en 1884. Durante ese año, 1873, el Estado al quedar
como dueño de todas las líneas, inicia la tarea de conectarlas
al mismo tiempo que las dotaba de una administración centralizada.
Las tres ciudades más importantes del país, Santiago, Valparaíso
y Concepción quedaron unidas en 1874 al completarse el tramo Curicó-Chillán.
A su vez durante 1876, el primer ferrocarril de San Rosendo a
Angol llegaba a término. Hasta fines de la década de 1870, los
ferrocarriles se habían extendido con el propósito de favorecer
la exportación agrícola a través de los puertos de Valparaíso
y Talcahuano. Sin embargo, debido al conflicto en las regiones
salitreras en el norte del país, se obliga a suspender la construcción
de las líneas férreas por un período de 10 años. Después de la
Guerra del Pacífico, las conquistas territoriales en el norte
y sur anteponen necesidades estratégicas a los principios económicos
iniciales que habían regido la expansión de la red ferroviaria.
Con la extensión de la soberanía nacional
sobre las regiones salitreras, comienzan a aumentar los ingresos
de las arcas fiscales durante la década de 1880. Esto permite
al gobierno iniciar el plan de construcción de líneas férreas
con el fin de consolidar su soberanía en el extremo sur del país
mediante la introducción del ferrocarril de la Araucanía, plan
de incorporación que ya había sido discutido en 1868, señalando
la importancia del avance de esta red en aquella región. Los primeros pobladores de San Rosendo
coinciden con la construcción del tramo de ferrocarriles de Chillán
a Talcahuano. En las faldas de los cerros que viene
a configurar la Cordillera de la Costa, en la confluencia de los
ríos Biobío y Laja, que definirían sus bordes suroeste y sureste,
respectivamente. A 70 kilómetros de Concepción en dirección al
noroeste vía ferrocarril, se inicia la construcción de las primeras
casas del pueblo de San Rosendo en terrenos del fundo homónimo
perteneciente a la familia Larenas-Ibieta. Las viviendas fueron levantadas por los
mismos trabajadores ferroviarios con maderas chilenas que balsas
desde la frontera, bajaban por el río Biobío hacia Concepción
y Talcahuano. Estos mismos habitantes delinean calles y desvían
aguas hasta darle a San Rosendo las características de un poblado.
La Empresa de Ferrocarriles del Estado,
viendo su posición estratégica para el transporte ferroviario,
hizo grandes inversiones mejorando y ampliando las instalaciones,
construyó poblaciones, locales de salud y de recreación para su
personal, y prestación de servicios para sus pasajeros. De esta manera, durante los años 1889
y 1890, se construye el puente ferroviario sobre el río Laja,
construcción de acceso de 400 metros que permitiría unir Puerto
Montt con Santiago y Concepción. Se suma a esto la instalación
de talleres y maestranzas, too lo cual iría creando las condiciones
para un paulatino aumento de la población que indirectamente provocaría
“... una mayor producción agropecuaria en la zona y un notorio
desarrollo comercial en el sector urbano, mejorando al nivel económico,
cultural y social de sus habitantes”.