Niños medio paisanos
“Nuestras madres parían año por medio, de modo que rápidamente se formó un grupos de niños medio paisanos, mitad chileno y mitad árabe”, recuerda Carlos Amín. Esos fueron los tiempos cuando lo pasó mejor. “Jacinto Farrán tuvo puras mujeres, no se casaron las cabras. Eran muy distinguidas las primas”, agrega el odontólogo.
Las fiestas familiares eran sacadas de las historias de Scherezade. “Más que nada celebraban los bautizos de los pequeños”, cuenta Amín. Sin embargo, lo que le parece revivir como si fuese hoy son los “Santa Magdalena”. “Veo a mi papá con una bandeja en la cabeza, con cognac y con todas las copas, bailando árabe. Y sin botar nada. Alrededor de él, el capitán de Carabineros, el tesorero del pueblo, el jefe de Impuestos Internos, el alcalde de turno... todo muy elegantes, todos en la fiesta”.
En las alegres reuniones de los árabes de nuestra zona se cuidaba en extremo la decencia. “Tomaban en casas, jamás en las calles o en las cantinas. Siempre aclanados”, confidencia Carlos Amín. “Y qué decir de los banquetes... aprendí a cocinar todo cuanto pude. La cocina es mi hobby, aunque primero es lo chileno. Después lo árabe”, agrega el profesional.
Mientras todos los árabes se dedicaron al comercio, Salvador Amín se dedicó también al campo. “Mi papá era un trabajador innato. Nos levantábamos a las cinco de la mañana para hacer trabajos de campo, hacíamos queso, cuidábamos a los animales. Mi madre murió muy joven, mi hermana menor tenía un año y ocho meses. Entre todos nos criamos, yo sabía medicina y los atendía”, recuerda de su adolescencia Carlos Amín. “Siempre quise la universidad. Mi madre me abrió los ojos. Ella me decía que no importaba si no había mucho dinero, que lo importante es que fuese estudioso e inteligente”, comenta Amín, quien antes de estudiar odontología en la Universidad de Concepción, las hizo hasta de profesor rural.
¿Qué aprendieron a decir en árabe los hijos del padre libanés? “Los puros garabatos que mi papá nos echaba cuando estaba enojado”, admite riendo Amín. Y en cuanto a las creencias, si bien Abdo Sabag era musulmán, “nunca nos obligó a nada. En cierto momento me dijo: tienes que casarte con una mujer árabe, pero le expliqué que yo era chileno y que tenía derecho a mi libertad de escoger. Y nunca más me habló de eso, de hecho, me pidió disculpas”, expresa Amín. Quien se casó con chilena en 1952, y tuvo tres hijos, dos de los cuales ya han transmitido erróneamente el apellido Amín a las futuras generaciones.
Por Paulina Pérez Diez
(Fuente: www.cabrero.cl)